ASESORÍA
La Plata

Provincia de Buenos Aires

viernes, 29 de junio de 2012

¿Cómo puede la gran masa entender una serie de problemas éticos, morales, religiosos… si nadie sirve de guía?


Los obispos, entre otras muchas formas de ejercer su magisterio ordinario, como sucesores de los apóstoles que escogió Jesús, cuentan con las llamadas “cartas pastorales”. Es una de las maneras de realizar su “munus docendi” u oficio de enseñar. En ocasiones son más extensas, con motivo de algún tema importante o extraordinario. Otras veces son breves, como ocurre con las que algunos prelados escriben con periodicidad semanal o quincenal para las revistas diocesanas y ahora, cómo no, para los medios digitales. Es digno de apuntar aquí que también reciben ese nombre, el de “cartas pastorales”, tres libros del Nuevo Testamento atribuidos a San Pablo: las misivas dirigidas a sus colaboradores Timoteo y Tito sobre la dirección de las primeras comunidades cristianas.

Este mes se cumplen treinta años desde que se publicara una carta pastoral sobre el fenómeno de las sectas. Puede parecer algo sin mucha trascendencia, ya que este género es vastísimo y abarca todos los temas habidos y por haber, al ser un tratamiento de la realidad que vivimos desde los ojos de la fe en Jesús y de su Iglesia. Además, muchos obispos han hablado y escrito sobre este desafío pastoral. Sin embargo, creo que la carta y su aniversario bien merecen un recuerdo. ¿Por qué? Porque se trata de un pronunciamiento de un obispo español realizado cuatro años antes de que la Santa Sede dedicara un documento a este tema, y siete años antes de que lo hiciera la Conferencia Episcopal Española. Y mi intención no es ni atribuir un mérito desmesurado al pastor responsable de la carta ni acusar a los órganos citados de retraso en la reacción. Al contrario: es un buen ejemplo de cómo, mucho antes de que haya una reacción “oficial” de un organismo eclesial en un documento, hay preocupación, trabajo y entrega con respecto al tema que sea.

Al grano. El obispo en cuestión fue Ramón Buxarrais Ventura, actualmente sin ejercer el ministerio episcopal, residente en Melilla, entre la prisión y un centro asistencial. Tras su estreno como obispo en Zamora (entre 1971 y 1973), rigió la Diócesis de Málaga entre los años 1973 y 1991. En junio de 1982 escribió una carta pastoral titulada “Nadie me sirve de guía”. Los medios de comunicación se hicieron eco de su publicación, y su referencia ha quedado para la posteridad en los escritos del sacerdote operario Julián García Hernando, fundador del Centro Ecuménico “Misioneras de la Unidad” y pionero del ecumenismo y de la preocupación pastoral por las sectas en la Iglesia católica en España. Lo mejor que podemos hacer es resumir los puntos principales de la misiva de Buxarrais y ver qué cosas pueden servirnos, treinta años después, de aquellas palabras que iniciaba con el saludo “Queridos diocesanos”.
¿Por qué el tema de las sectas? El entonces obispo malacitano apuntaba al comienzo que los dos grandes problemas que tenía su Diócesis eran “la falta de evangelizadores y la confusión entre evangelizados, a causa de grupos propensos al sectarismo”, y se refería a varios datos sociológicos preocupantes sobre la religiosidad de su pueblo. De ahí, señalaba, la necesidad de la evangelización. Y, junto a ella, la reflexión sobre las sectas y el sectarismo, porque sobre las dos cosas escribía don Ramón, y sobre las dos alertaba: los grupos sectarios como tales, y las actitudes sectarias dentro de la comunidad católica. De hecho, cuando definía las sectas, explicaba cómo “la historia de la Iglesia está salpicada toda ella de intentos sectarios, en contra de la cosmovisión total y radical que nace del evangelio proclamado por Jesucristo y encomendado a la comunidad cristiana, servida y presidida por sus legítimos pastores”. Además, prevenía contra la aplicación indiscriminada del término “secta” a todo grupo cristiano no católico.

Y el obispo se refiere a la preocupación social de su tiempo. Aquí debemos detenernos para reconocer la lucidez de este pastor para discernir un problema que no tenía grandes dimensiones a nivel mediático, pues tendrían que pasar más de cinco años para la aparición más frecuente de noticias sobre este tema en España. Sin embargo, aunque no era un fenómeno muy extenso a primera vista, sí era muy intenso en el daño provocado a las personas afectadas y sus familias, y de ahí la afirmación de que “son muchos los que se debaten entre la confusión y la angustia, sin saber cómo reaccionar ante esta avalancha extraña y sorprendente”. Reconociendo que se trata de un tema complejo, monseñor Buxarrais pretendía dar unas orientaciones desde su corazón apostólico: “ante la siembra pertinaz de ideas asombrosamente ingenuas y equívocas, no puedo permanecer callado, ni tolerar sin más ciertos métodos discordantes, empleados en la difusión y captación de prosélitos”.

El obispo, a continuación, escribía una carta dentro de la carta, a la que calificaba como “no tan imaginaria”, por lo que desconozco si la redactó él a partir de su experiencia, o si la copió directamente de alguna recibida. Unos padres, angustiados, no saben qué hacer con su hijo, captado por una secta. “Muchos padres podrían contarnos experiencias parecidas. Por una u otra razón, sus hijos han pasado a engrosar las filas de grupos juveniles surgidos en las tres últimas décadas”, afirmaba. Y apuntaba a la crisis –cultural, social y religiosa– como caldo de cultivo para el surgimiento del fenómeno sectario: “hoy nacen de la frustración de muchos, sobre todo jóvenes, inadaptados ante el tipo de sociedad cambiante y «sin-norte» en que vivimos. Sienten inquietud y no quieren ir a la deriva. Desean evadirse de una sociedad incapaz de llenarles, que, ante un seudo-pluralismo, niega la existencia de valores absolutos y mantiene la igualdad de opinión y opción ante cualquier oferta de nuevas doctrinas”.

Buxarrais reconocía algunas acciones positivas realizadas por las sectas, y profundizaba más al preguntarse por la verdadera razón de su éxito, la más oculta, la que se encontraba en el corazón de los neófitos, y la respuesta era la siguiente: “estos grupos responden a un hambre de algo más trascendente, al mismo tiempo que se constituyen en una viva protesta contra el consumismo egoísta y material”. Pero, desde la óptica evangélica, “se presentan, a mi juicio, síntomas preocupantes que parecen atentar directamente contra la libertad de pensamiento, sin la cual no puede haber libertad de opción espiritual”. Y detallaba algunas características de las sectas, típicas de los estudios sobre el tema.
Ante todo este complejo problema, el prelado malagueño cita al etíope de los Hechos de los Apóstoles (8,30-32), que dice no comprender las profecías de Isaías porque nadie le sirve de guía. He aquí, pues, la razón del título de la carta pastoral y, en el fondo, la preocupación de su autor:“¿no será que estos fenómenos sectarios ocurren al no funcionar algo en cada uno de nosotros y en toda la sociedad civil y eclesial? ¿Cómo puede la gran masa entender una serie de problemas éticos, morales, religiosos… si nadie sirve de guía?”. Y hacía una llamada clara a responder, defenderse y, más que corregir, prevenir.

Y aquí apuntaba hacia dentro de la propia Iglesia para reconocer las carencias internas que favorecen la aparición de sectas, algo que haría varios años después el documento del Vaticano: un “mea culpa” por la falta de calor familiar y personal en las comunidades cristianas, la ausencia de fraternidad y de paternidad espiritual, las carencias en la formación –bíblica, dogmática y moral, apostilla– y en la experiencia mística, los errores de los pastores, el recorte de la dimensión misionera de la Iglesia, la ausencia de oración y de vida interior, etc. Entonces, afirmaba sin ambages que “ante este anémico complejo de apatía, indiferencia y falta de formación, no es lícito extrañarnos que pululen por todas partes grupos y fenómenos más o menos sectarios, y que nos lleguen cada día noticias de las actividades proselitistas que desarrollan con éxito, no sólo en la Diócesis, sino en toda nuestra Patria”.

Como obispo en un lugar y momento concretos, don Ramón Buxarrais presentó esta preocupación y abrió su corazón para reconocer los propios errores, y llamó a la movilización de todos los fieles diocesanos. Y terminaba su carta con “una palabra de consuelo y aliento: trasladad a vuestros hijos y amigos la seguridad, el amor, la confianza, la felicidad, la libertad y el diálogo que necesitan, y que nos ofrece la fe celebrada y vivida en la comunidad cristiana”. Junto a la denuncia, la sanación. En unos momentos en los que la crisis en todos los niveles nos interpela, y la Iglesia católica llama a nivel universal a la nueva evangelización, he visto en esta carta pastoral“treintañera” una muestra luminosa de discernimiento cristiano de los signos de los tiempos ante el fenómeno de las sectas. Hoy quizás haya que hablar más de prácticas menos institucionalizadas de las nuevas espiritualidades, pero el desafío sigue estando ahí.

Luis Santamaría del Río - Treinta años de una carta pastoral sobre las sectas
En Acción Digital, 15/06/12



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"Himno por la Vida"

Música y letra:
Carlos Andrés Sánchez
(2010)

Estrofa (Sol M)
Tú pensabas que tu vida se acababa, que ahora todo terminaba, que no
estabas preparada…

Pero ahora es el momento, de afrontar el sufrimiento, gritando a los cuatro
vientos: ¡SÍ A LA VIDA!

Estribillo (Himno)
Comenzarás, a vivir una ilusión, y encontrarás, de repente una salida. Y por fin
empiezas a sonreír. Y te llenas de alegría.

Estrofa
No pensaste ya en tu vida, sí en la suya, que él te necesitaría... (música)
No sabías qué venía pero tú ya le querías, tu conciencia te decía: ¡SÍ A LA VIDA!

Estribillo
Comenzará, a brillar un nuevo sol, y surgirá, de la noche un nuevo día. Dices
sí, porque quieres ser feliz. Apuestas por la familia.

Parte intermedia
Empezaste a querer la nueva vida, lo quisiste compartir con los demás.
Encontraste pronto apoyo en CIDEVIDA. ¡Nunca antes has sentido nada igual!

Estribillo
Comenzará, a brillar un nuevo sol, y surgirá, de la noche un nuevo día. Dices
sí, porque quieres ser feliz. Apuestas por la familia.

Estribillo con modulación a la Lab M
Comenzará, a brillar un nuevo sol, y surgirá, de la noche un nuevo día. Y por
fin, sabes que es felicidad, ya dependes de la suya.

Convertirá, tu vida en una canción, su voz será, la más bella melodía, ahora sí,
sientes la felicidad. Cantaremos ¡Aleluya!

Y diremos: ¡SÍ A LA VIDA!

Para escuchar esta linda canción



Fuente: http://www.cidevida.org/
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CREYENTES, PERO NO TANTO

Las “verdades” que se creen, aunque no puedan demostrarse, para quien las cree, son adecuadamente enarboladas como verdaderas; para compensar la incapacidad de hacerlas verdad, el “creyente”, aunque sepa que son “falsas verdades”, para desmitificar inmediatamente lo que sabe que es realmente verdadero, pretenderá a su alrededor comportamientos y decisiones absolutas, concordantes con la creencia y caerá en la violencia. Este es el accionar de toda secta, el que caracteriza a la mirada sectaria, aquella que observará a las auténticas verdades, que jamás recurrirían a imposiciones violentas, como débiles, susceptibles y fáciles de ser debilitadas.

Esta supuesta complejidad que ocultan las sectas, es más simple de cuanto aparenta, porque no son “creencias” sino medios seudo creyentes que, instaurando desamor y desunión, montarán un arma efectiva para la destrucción del hombre, ese que recepciona, que se hace eco, por desorientado y acostumbrado a la incredulidad hacia aquello que reclama y urge por naturaleza. Porque sólo en inconciencia puede la fe violenta, la mala fe, la inauténtica, fruto del miedo a “des-velarse” en libertad de conciencia, ocupar un lugar usurpado a la verdad, desde donde el daño aísla de la realidad para que la verdad no pueda llegar. Si la “creencia sectaria”, tibia y burda creencia que no contiene fe, fuera verdadera no habría reducciones, ni tenencias de inconciencias.

Toda fe, inclusive la laica, se configura en conciencia, con una decisión que no podría ser utilizada si estuviera realmente amalgamada con la auténtica convicción que confirma, esa que no es producto de invasiones sensitivas, aprobaciones definitorias y definitivas que legitiman como bueno o malo según se accione o según indiquen los que imponen “la creencia”.

Si nos detuviéramos a reflexionar sobre este alcance, es probable que en algún momento consideremos que cada movimiento sectario es simultáneamente una oportunidad de refuerzo de la Verdad que, por auténtica, siempre correrá con ventaja. Sólo es necesario desglosar el mensaje y actuar desde su contrario, en conciencia para suplir ausencias y carencias que se diseminan por doquier.

El tiempo demostrará la verdadera diferencia, porque lo que es falso siempre es débil y se debilita ante la Verdad que, incontrovertible e inagotable, prescinde de banales demostraciones y por natura nos pertenece.

Los grupos sectarios marcan la diferencia por intolerantes, “creyendo” que es suya la última e indiscutible frase verdadera. Tal vez debiéramos darnos la oportunidad de estar más tiempo allí, donde la aparente creencia se vuelve indigna, hasta en la duda; creencia, fe y amor son irreductibles e incondicionales, no exigen, entregan.

Mara Martinoli

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"Creyentes...pero no tanto..." - Un cuento de Luis Landriscina:



Cuando se transita en espera

Quienes conocemos parte de la realidad, no sólo sabemos del dolor, nos duele el dolor del otro, ese desgarro que, un diálogo aún sin vía, cada día se transforma en desafío de esperanza. Y sufrimos aún más cuando pareciera no merecer ser escuchado, o cuando no poseemos las soluciones necesarias para derivar el reclamo porque nosotros, nos sensibilizamos.

Cuando un hijo transita por la desolación sectaria los padres desesperan hasta lograr la solución, saben que se puede, logran asesorarse, sentirse comprendidos, amparados, contenidos; podemos orientarlos, sugerirles, proponerles, ayudarlos; solidarizarnos con la situación, compartirla y encaminarla. Pero, ¿qué hacer, qué decir cuando fueron enredados por la manipulación, tan extremadamente sectaria que borra todo rastro? ¿Cómo cuando la decisión excede nuestro alcance y quienes podrían acceder hacen caso omiso de tan dolorosas realidades?

Cuando se hizo referencia a una Ley sobre trata de personas “me apersoné”, previa solicitud y confirmación de entrevista, más trayectoria, al despacho correspondiente del representante que impulsaba la iniciativa, suponiendo que pudo haberse incluido el accionar que nos compete. ¿O acaso no podríamos considerar que las personas sean “tratadas” o “maltratadas” dentro de grupos sectarios? Quizás esta “desaparición-evaporación de personas”, producto de fanáticas y partidarias maniobras, no entienda que el dolor no discrimina entre ideologías, burocracia o politiquería.

Si la solución fuera compartir la ideología del represente de”la idea”, se daría rienda libre a las sugerencias, si no se continuará omitiendo; confirmo entonces que solo hay derechos para quienes la ideología está por encima de todo Derecho; las personas somos más, mucho más que una tendencia, ideología, demostración o imposición; si así nos redujéramos nos conjugaríamos con la desintegración del tejido humano, desgarrando el alma. ¿Hay dolor más profundo? Golpeando puertas de despachos en constante y perseverante búsqueda de Derechos ignorados se puede observar que sería oportuno y necesario que se levantaran de los escritorios para contactarse con esa realidad que reclama, sin olvidar el lugar del otro.

Las familias implicadas sufren ausencias y omisiones, éstas por denuncias e interrogantes sin contestaciones. No son situaciones inventadas, más bien intencionalmente creadas.

Y ante tanto delirio incongruente, la fortaleza se hace más fuerte, no se abandona la esperanza de estrechar el afecto prolongado en la espera, sólo así se podrá creer que la inconmensurable fuerza del amor conducirá el objetivo, avalará la perseverancia y mantendrá vivo el deseo y el rencuentro que llegará; el mejor camino para sobrellevar las ausencias y depositar la confianza en otras manos. Este es el mensaje y fundamento del objetivo último en este accionar, el de de tantos anónimos que suelen decirnos “no sé donde está, pero sé que algún día me buscará”, un llamado que hacemos nuestro, que merece ser escuchado.

Las Fiestas se viven con presencias y ausencias; si no confiáramos, nos inundarían de desaliento, bajaríamos nuestros brazos. Más allá de intentar hacer un balance de cuanto hicimos, omitimos o pudimos haber hecho, nos ponen en contacto con la realidad, para contemplar el verdadero sentido de la vida; son sinónimo de Esperanza, sensibilización de lo insensible y recogimiento en “espera”.

Mara Martinoli

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El poder de la libertad



El hombre es una criatura libre, naturalmente dispuesto a serlo, pero ante la responsabilidad que la libertad implica, pareciera desorientarse, como si quisiera ser aquello que no es, como si quisiera huir de su condición desespera por elecciones que fascinan, inquietan y se pierden en la contradicción del juego; como si intentara librarse hasta del sentido de Dios.

Mientras no se encuentre su significación, mientras se mantenga el desencuentro, el hombre podría ser presa de cualquier movimiento o grupo que le prometiera “vivir libremente su condición”; podría ser víctima del oportunismo de la manipulación, que dominará condicionando y aprisionando el “proyecto hombre libre”, impidiendo encontrar cuanto ya fuera dado.

Actualmente observamos cómo los hombres parecieran más libres y a la vez, más incómodos con su libertad; tan incómodos que transitan por lugares comunes carentes de responsabilidad y empeño. Podríamos entonces afirmar que, en condiciones de desarrollo social considerado normal, el hombre no posee otro recurso que el de su libertad y por lo tanto, es el único responsable de perderla.

La libertad se construye con “sí” y con “no”, un juego que permite constituirse.

La importancia de la elección tiene entonces un carácter trascendental: requiere de actos que garanticen la consolidación y conservación “humanas”, para no empeñar la libertad a través de elecciones contrarias a su sentido que llevarán, paulatinamente al opuesto: la esclavitud. Cuando la libertad se pierde por elección, se pierde la dignidad de los actos naturalmente libres.

Cada libertad entregada alimenta la “libertad de acción” de los grupos sectarios que, fuera de toda opción por el bien, conforman una especie de “sectocracia del capital humano”, un desierto donde nunca tiene cabida la libertad. Incluirse en un grupo sectario es “servir” a quienes generalmente se sirven de lo religioso para esclavizar, disipando la existencia hasta desgarrarla, determinando el límite de cada libertad, un límite cada vez más marcado, tanto, que no conformará solo la pérdida de libertad. El límite natural no se impone desde fuera, lo fijamos libremente nosotros.

El hombre sólo podrá “servir al hombre” retomando el camino humanamente libre, para construir un futuro social que deje entre paréntesis a todo aquel que intente derrumbar este sentido; no a la inversa.

Las seudo religiones y los grupos sectarios no obtienen adhesiones por sí solos, cada hombre, tal vez habituado a una cultura de dependencias, percibe su libertad y decide.

Libertad: Facultad que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos. (Diccionario de la Real Academia Española).

Refutamos admitir que las cosas pueden ser vistas en una luz distinta de aquella con la que ven nuestros propios ojos, porque esto nos obligaría a considerarlas y profundizarlas, y esto cuesta cierto esfuerzo, tal vez fatiga. Quien no lo haga, renuncia a vivir y se contenta con vegetar.- Indro Montanelli

Mara Martinoli

Ver: El equilibrio entre obediencia y libertad

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SABIDURÍA SOCIAL PARA ACCIONAR


Es una ardua tarea programar hoy para el futuro. Superados los tiempos en que podía diagramarse una etapa de estudio e investigación previa; las urgencias actuales, la invasión de las más variadas propuestas, el número creciente de todo tipo de adicciones y dependencias; marcan la necesidad de implementar programas abiertos que permitan simultáneamente: abordar, analizar e intervenir atendiendo parte de la multiplicidad de factores que, si se consideraran en forma independiente, caerían en la precariedad.

Es decir que, si intentamos tan sólo determinar consecuencias del accionar de algunos grupos en determinado contexto, perderíamos de vista el objetivo del trabajo: el hombre que padece. Si nos ocupamos exclusivamente en conocer cuántos y cómo son los grupos, no accionaríamos para restituir al individuo su más preciado bien: los afectos.

Por otro lado, cuando sepamos qué grupos actúan en determinada región, cuales podrían considerarse perjudiciales (por dependencia inducida), ya estaremos desactualizados; porque los grupos proliferan, cambian de denominación, de caras, de lugares de encuentro, de fundamentos. Es decir que la etapa de investigación previa no acabaría. Por ello todo accionar se implementa simultáneamente; toda instrumentación resultará ineficiente si en el campo de acción no nos permitimos reducir o impedir la dependencia a grupos pseudo religiosos, filosóficos, sectas, etc. Perderíamos tiempo valioso y las problemáticas aumentarían más allá de toda previsión.

Las alteraciones conductuales de los individuos grupo dependientes que, retoman con el tiempo su cotidianeidad, no siempre lo hacen porque encontraron explicaciones.

Si los recursos son escasos (y lamentablemente en el área social siempre lo son) entonces debemos emplear la infraestructura existente para accionar, para hacer prevención del riesgo, abordando la problemática en principio, desde el campo de las adicciones, redimensionando el área desde un concepto más amplio; con responsabilidad, prudencia y conocimiento para estar presentes desde el momento en que surgen las problemáticas. Entonces la intervención se legitima por sí misma.

No debemos fragmentar con visiones sectoriales, sino más bien integrar conocimientos, porque la dimensión de la problemática incluye directamente al hombre como unidad integrada e integradora.

Si comenzáramos a indagar asociaciones sospechando que detrás podría haber algún grupo de riesgo, dejaríamos de actuar en libertad. Y quienes intenten luchar contra ellos actuarían igual. Por otro lado, si se instalara en una región un observatorio a modo de Parlamento interreligioso se observarían las conductas de otras creencias no representadas en él ¿Y quién podría arrojar la primera piedra?

Toda vez que una acción se inicia a modo de lucha, la posibilidad real de acción se distorsiona; no se trata de luchar sino de respetar los legítimos derechos del hombre.

Para que las intervenciones no caigan en el vacío, se hace necesaria una redefinición de los nuevos actores, teniendo en cuenta que cada ciudadano es el mejor exponente de las necesidades sociales.

Sabemos de antemano que, toda previsión en el campo de la conducta humana se caracteriza por su limitación; también sabemos que el poder de transformación de la realidad exige intervenciones precisas.

La función del Estado es brindar las herramientas necesarias para revertir el deterioro social que lleva a muchos ciudadanos a refugiarse en el mundo de las dependencias, dentro del marco de un ambicioso proyecto que no enfrente sino que integre.

Se permitiría a sí mismo accionar con sabiduría social desde la percepción de la problemática, la prudencia para respetar la diferencia y la visión del verdadero valor de la vida; el compromiso directo con quienes intentan huir de su realidad también es búsqueda del bien común.

La dependencia grupal ya es una realidad, poco conocida, pero instaurada. Y nuestro futuro social, también depende de las dependencias individuales.

Mara Martinoli
(Para ver imagen de Buenos Aires nocturno en gran formato, picar sobre ella)

Ver también: La dialéctica entre lo público y lo privado

El grito que debemos ensamblar (¿por qué el Estado no da su apoyo?)

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PREGUNTAS SOBRE GRUPO DEPENDENCIA

Algunas preguntas frecuentes:

1 - ¿Se puede ser dependiente a un grupo y ser dependiente a sustancias al mismo tiempo?

Por supuesto, estaríamos frente a una polidependencia.

2- ¿Cuanto tiempo pasa para que una persona se vuelva dependiente a un grupo?

Depende de las características individuales y de las características del grupo; por ello hacemos siempre referencia a dependencia creada y dependencia inducida.

3- ¿Por qué genera conflictos la grupo dependencia?

Porque el sujeto que crea la dependencia gira su vida entorno a ella y el resto del mundo es visto como “enemigo”.

4- ¿Un niño pequeño puede ser dependiente?

Lo será si sus padres son dependientes también.

5- Un sujeto adicto a sustancias se reúne con su grupo terapéutico; una vez superada su adicción ¿Ese grupo puede generarle dependencia?

Los terapeutas que coordinan ese tipo de grupos saben bien cómo evitar la dependencia, es más son responsables de brindar las herramientas necesarias para la reinserción social.

6- ¿Ser TOC – trastorno obsesivo compulsivo – es lo mismo que ser grupo dependiente?

El trastorno obsesivo se caracteriza por la compulsión y repetición de conductas; si bien este podría ser un punto en común con la dependencia grupal, el primero es un trastorno psiquiátrico; el segundo es una adicción y por lo tanto el enfoque es diferente.

7 – Las reuniones semanales con grupos de amigos ¿Son dañinas?

Los amigos nunca pueden ser dañinos; si lo fueran dejarían de serlo. Recordemos que el sujeto grupo dependiente deja a sus amigos para ingresar a otro círculo.

8 – Mi hijo viste siempre de negro ¿Es una tendencia?

Podría serlo, pero si viste siempre de negro, se reúne con otrosjóvenes que también visten igual, frecuentan los mismo sitios, utilizan el mismo lenguaje y se identifica con figuras que lo inspiran, lo observaría para descartar que esté integrando alguna tribu urbana o algún otro grupo y por supuesto me acercaría más a él para dialogar y acompañar su educación y elección de vida.

9 - ¿Cómo me doy cuenta si soy grupo dependiente?

Si lo fueras, no estarías formulando la pregunta; la persona grupo dependiente no es conSciente de su dependencia hasta que el entorno lo orienta.

10 -¿Los encuentros filosóficos pueden crear dependencia?

Depende qué tipo de encuentros; algunos grupos que podríamos considerar sectarios, sí pueden generar dependencia: gnósticos, de control mental, interpretación de sueños, entre otros.

11 -¿Los síntomas son similares a los que consumen?

Como hemos visto en el ejemplo, en ocasiones los familiares y amigos piensan que el sujeto está consumiendo alguna sustancia y en realidad está consumiendo la toxicidad del grupo.

12 -¿Se podría relacionar esta problemática con las creencias religiosas?

Tiene una muy estrecha relación ya que se observan muchos casos de dependencia a grupos religiosos o pseudo religiosos.

13 -¿Cual es la diferencia entre dependencia tóxica y dependencia sin sustancias?

Muy buena pregunta, porque las dos son tóxicas para el individuo; cuando hay sustancia y cuando no la hay y el grupo actúa como sustancia. En ambas el individuo genera una adicción.

14 -¿Hay alguna edad que predisponga a ser grupo dependiente?

Podríamos considerar que el adolescente, por la etapa que atraviesa estaría más predispuesto; pero la realidad nos muestra que incluso en las últimas etapas de la vida un individuo puede generar dependencia a un grupo.

15 -¿Puede enloquecer el dependiente a grupos?

Dependen de qué consideremos “enloquecer”; si observamos las conductas de un sujeto grupo dependiente en ocasiones podríamos considerar que perdió el juicio (muchos papás piensan que sus hijos se volvieron locos); por otro lado si un individuo tiene una historia de vida conflictiva y no recibe contención ni orientación ante su dependencia puede llegar a la disociación.

16 -¿Los psiquiatras están al tanto de esta problemática?

En general no; por ello es importante insistir en que debe ser considerado tema de salud.

17 -¿Cuando el dependiente es menor puede intervenir la Justicia?

Siempre que un menor esté en riesgo o sus derechos se vean vulnerados debe intervenir la Justicia.

18 -¿Siempre existió la grupo dependencia?

No podría contestar esa pregunta; sí puedo afirmar que en estos últimos años muchos tomamos conciencia del daño que produce.

19 -¿El hombre o la mujer tiene más predisposición a la grupo dependencia?

Es indistinto, reitero que siempre depende de la trayectoria e historia personal.

20 -¿Qué tiene que ver la situación anímica de uno con esta dependencia?

En ocasiones, cuando una persona está desorientada, deprimida o pierde los objetivos de su vida, huye de la realidad generando la dependencia.

21 -¿Qué actividades pueden crear dependencia?

No hay actividades que por sí solas generen dependencia a grupos, sí actividades organizadas dentro de un grupo que logren seducir a un individuo.

22 -¿Donde puedo acudir ante esta circunstancia?

No hay organismos oficiales que brinden asesoramiento ante esta problemática. Es importante destacar que es uno de nuestros objetivos.

23 -¿Estar en estado de alerta previene?

Si somos padres, de alguna manera siempre debemos estar en alerta con nuestros hijos, y no sólo en este área; si somos docentes, también porque la educación no puede reducirse tan solo a la transmisión de conocimientos. En realidad nos previene siempre estar informados.

24 -¿Debo temer a este padecimiento?

No se trata de temer sino de saber y conocer.

25 -¿Por qué la APG?

Porque la APG intenta humildemente cubrir un bache que otros no cubren.

Mara Martinoli

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